22 de marzo de 2009

El día internacional de lo qué?

Hasta hace apenas 30 minutos en este costado del mundo era el comienzo oficial del otoño y, también, el "Día Internacional de la Poesía". ¿Lo qué? Sí, habéis leído bien, estimados lectores. La poesía también tiene su día, qué tanto. Como la mujer, como el trabajo, como los padres, como San Cayetano y como las secretarias. Leo en un blog vecino que fue 

"proclamado por la UNESCO en 2000 "con el fin de que el arte poético no sea considerado un arte en desuso, sino como una herramienta que permite a la sociedad reencontrar y afirmar su identidad".

A ver un momentito, señores de la UNESCO y demás payasos y poeñoños internéticos que aprovechan la volada para invadir las casillas de e-mail con conmovedoras escenas en pps y con conmovedores videos ad hoc y con los infaltables versos de Gabriel Celaya (una vez tituló un poema espectacularmente bien y quedó condenado el resto de su existencia a ser citado por cuanto plumífero hay dando vueltas en el mundo) y con los no menos infaltables idem de Neruda y con toneladas de greenpoetry sazonadas con los más asquerosos y socorridos lugares comunes del universo y aledaños. A ver un poquito: "¿Arte en desuso?", "¿herramienta que permite a la sociedad reencontrar y afirmar su identidad?". Mmm. Lo que más me molesta es "arte en desuso". La otra expresión se puede discutir, se puede reformular, se puede refinar y hasta precisar más. Pero suponer que la poesía es un arte "en desuso" (como una prenda pasada de moda, digamos) y que por eso debe tener un día asignado en el calendario (que en el norteño hemisferio, de donde suelen partir estas craneadas inefables, coincide con la primavera, claro, la estación poética por excelencia) me parece poco menos que risible.
La poesía no necesita días marcados en el calendario ni momentos prefijados ni instancias predeterminadas por academias o instituciones varias. Necesita poetas. Poetas, no poeñoños. No aficionados, no hobbystas, no versificadores de fin de semana. Necesita mentes pensantes y espíritus sensibles. Necesita del asombro iniciático de los niños y de la sabiduría incontrastable de los viejos. Necesita cabezas abiertas a la sorpresa, a la admiración, al espanto también. Necesita hombres y mujeres dispuestos a renombrar cada cosa, a fundar cada cosa, a otorgarle a cada cosa, a cada ser, su verdadero lugar en el cosmos. Necesita justamente eso, cosmólogos, no meteorólogos ni presentadores del noticiero de mi alma. Necesita manos fuertes, capaces de empuñar la pluma o el teclado hasta sangrar. Necesita cojones y ovarios. Necesita toneladas de meditación hacia el interior de uno mismo, necesita toneladas de más poesía escrita desde lo más hondo de cada ser y no desde lo que ya se ha dicho un millón de veces (el cielo es azul, el sol amarillo, las rosas rojas). Necesita ojos pulverizados por la lectura de otros poetas, necesita poliglotas, necesita sabios comprometidos con todas las áreas del saber y no sólo con la literatura. Sobre todo, no necesita que nadie instaure un día para que los payasos de siempre redoblen sus mamotretos por todo el orbe con la excusa de que "es el día de la poesía, vistesssss" y por eso te encajo ración doble de mis esperpentos. No necesita, más todavía, tener un día que la instaure y sancione como un producto de consumo más y, sobre todo, no necesita ningún día en especial, sino toda la vida. 
Y, si no, a las pruebas me remito: prefiero celebrar el comienzo del otoño en lugar de un rídiculo "día de", que rebaja la poesía a un mero segmento de mercado, a una chuchería de salón, a un entretenimiento bien visto para ociosos con "inquietudes" y, sobre todo, con "sensibilidad social". Lo que menos necesita la poesía es seres de esa laya intentando alcanzarla. 
Celebro, pues, el otoño, como corresponde, con poesía:

VIENTO DE OTOÑO 

Hemos visto, ¡alegría!, dar el viento 
gloria final a las hojas doradas. 
Arder, fundirse el monte en llamaradas 
crepusculares, trágico y sangriento. 

Gira, asciende, enloquece, pensamiento. 
Hoy el otoño suelta a sus manadas. 
¿No sientes a lo lejos sus pisadas? 
Pasan, dejando el campo amarillento. 

Por esto, por sentirnos todavía 
música y viento y hojas, ¡alegría! 
Por el dolor que nos tiene cautivos, 

por la sangre que mana de la herida 
¡alegría en el nombre de la vida! 
Somos alegres porque estamos vivos. 

JOSÉ HIERRO 
Alegría, 1947.

17 de marzo de 2009

Con el orgullo de pertenecer...

...hago maravillosa y subliminal y subrepticia y absolutamente desenfadada publicidad de la reedición de dos libros de mi maestro, que, ¡oh casualidad!, me compré la semana pasada pues no los tenía... Y se viene, parece, la reedición del que más nos interesaría aquí: Hacer el verso, que desde ya recomiendo a voz en cuello.
¡Salud, Marce!

Para bien de narradores, poetas y ensayistas en formación, Random House Mondadori acaba de lanzar la cuarta edición de Atreverse a escribir. Prácticas y claves para arrancar de una vez por todas y, asimismo, la cuarta de Atreverse a corregir. Trucos y secretos del texto bien escrito. Son dos libros de Marcelo di Marco (el autor del clásico Taller de corte & corrección) y Nomi Pendzik, para el sello Sudamericana Joven Taller. Altamente recomendables, llenos de generosos consejos, jugosos ejemplos y certeros ejercicios, estos manuales vienen demostrando desde 2002 (año de su primera edición) que son indispensables aliados del escritor a la hora de sentarse a inventar mundos con la palabra. De ellos dijo Fernando Sorrentino: "Es verdad que todos aprendemos a escribir mediante un método que nos impone el mismo trabajo de redacción y que consta de dos movimientos: a) cometer errores; b) advertir los errores y corregirlos. Pero, si además hubiéramos tenido la guía de unos libros como los de Marcelo di Marco y Nomi Pendzik, podemos estar seguros de tres cosas: la tarea habría marchado con fluidez considerablemente mayor; los errores cometidos habrían sido menos serios y más escasos; la corrección habría sido menos extenuante y más eficaz".

Como para no perdérselos.

Más información en

16 de marzo de 2009

La poesía, una fe necesaria

Eso sostiene otro poeta español, José Manuel Caballero Bonald, de quien les acerco algunas palabras, en esta nueva tónica rumiante, brindada por las queridas alertas de Google. El hecho de que se trate únicamente de poetas españoles obedece, creo yo, a que los grandes medios nacionales -Clarín, Página/12, La Nación, etc.- no suelen entrevistar poetas y a que si lo hacen, las googlianas alertas aún no me han alertado dello.
La nota completa puede leerse aquí. He agregado en las entradas anteriores -y en esta también- links donde pueden leer poemas de los poetas en cuestión. 

"La poesía necesita un estado de ánimo especial, una mentalidad para escribir poesía. Yo de pronto puedo perder la fe en la poesía, no escribo poesía durante años, a veces."

"no tenía necesidad de escribir poesía, perdí esa fe necesaria (...). De pronto, el pasado invierno, recuperé ese estado de ánimo, esa necesidad de escribir poesía. Así fueron acumulándose poemas que voy corrigiendo en borradores. El poema para mí es un acto del lenguaje que hay que revisar y que hay que releer mucho, porque hay un adjetivo que debe ser irremplazable y de pronto te das cuenta de que ese adjetivo no está en el sitio que debía. Yo para esto soy muy puntilloso, que llevo casi a la histeria juanramoniana".

"los libros de poemas se hacen por acumulación".

13 de marzo de 2009

Palabras que iluminan

Nuevamente, palabras de un poeta español que iluminan. O, al menos a mí, me brindan alguna luz para reafirmar lo que pienso acerca de la poesía, del poema y de la práctica poética. Ojalá que a ustedes también. 
El reportaje completo a Francisco Brines, aquí

"Mi interés ha partido siempre del intento de arañar enigmas. Me interesa la poesía como búsqueda de un conocimiento sobre la naturaleza humana y sobre el enigma de la vida, la poesía como salvación de momentos concretos. Tenemos unos puntos constantes que nos dan la sensación de identidad, pero si reflexionamos un poco nos damos cuenta de que hemos sido muchos. De niños apenas tenemos nada. Quizá el poeta tiene la capacidad de asombro. Sólo desde esa capacidad uno puede escribir."

"La poesía es buena o mala. Hay poesía social muy buena: Vallejo, España, aparta de mí este cáliz es maravilloso. El problema es que la mayor parte de la poesía social de entonces lo que hacía era poner en verso lo que se hablaba en el café. Era una traslación en verso de reflexiones, confesiones o creencias usuales en la gente. No me interesaba mucho porque yo en la poesía siempre busco un motivo de revelación, descubrir algo que yo no sé de antemano. Nunca he escrito un poema sabiendo lo que quería decir."

"Vivimos un mundo de minorías. La poesía es una gran defensa del individuo y de la individualidad del ser humano. Como se habla desde la vida y desde las emociones y tenemos parecidas alegrías y tristezas, el lector en la poesía no se busca a sí mismo sino que busca la verdad del otro. Cuando lees a alguien que puede ser incluso lo contrario que tú y, por la emoción estética, asientes al contenido, se establece algo muy importante: la tolerancia. Así, si un creyente lee un poema agnóstico y se emociona, ese creyente se hace tolerante, aunque sea por un momento. De la misma manera que si un lector ateo lee a San Juan de la Cruz, puede que no crea en la mística, pero sí creerá en el hombre que se apoya en ella."

6 de marzo de 2009

This year: more fun, less fear

Hoy leí esa frase en una remera de alguien que subía al tren del que yo bajaba. Revisando mis alertas de Google me encuentro con este reportaje a Joan Margarit, un poeta catalán que no tengo muy leído, a decir verdad, pero cuyas palabras me harán rectificar prontamente esto. Y cuyas palabras también hablan de combatir, al fin, el miedo.
Aquí les comparto los tramos que más me impactaron de la entrevista, muy apropiados para este rinconcito combativo y rumiante: 

"La pista de despegue de la alegría tiene que ser la tristeza, que es el material del que está hecha la vida humana. Para salir desde ahí el método es clarificar, iluminar, enfocar... Eso es lo que hay que hacer con el dolor, con el miedo, con la esperanza, con todas esas cosas que están en nuestro interior y que no sabemos qué hacer con ellas. Hay que iluminarlas buscando la verdad. Es el único camino posible para ir a la alegría."

"Ese es el problema fundamental, eliminar el miedo. ¿Toda esa iluminación para qué es? El miedo al cuarto oscuro se va abriendo las ventanas y la poesía es un camino para abrir los cuartos oscuros de nuestras ventanas interiores; es decir, para perder el miedo y caminar en la única dirección en la que merece la pena ir."

"Mire usted, un poema es una especie de caja negra. En un caja negra no sabemos lo que hay dentro, pero que tiene una entrada y una salida. Yo sé cómo entro y cómo salgo, pero no lo que pasa dentro. Esto es un poema. Es la manera de saber si el poema valía la pena o si el lector lo ha entendido. Si entra, no sabe lo que pasa dentro, pero sale mejor, más ordenado, más tranquilo, más consolado... es que era un buen poema y además lo has entendido. Este es el proceso. Es lo que yo intento al menos..."

"El desorden ya lo lleva el universo metido como una ley física. El segundo principio de la termodinámica expresa que el universo tiende al desorden. Entonces, la lucha contra el desorden se llama, por ejemplo, vida. La vida es una organización de la materia para retrasar este desorden, un desorden que indefectiblemente llega un día u otro. Pero mientras tanto la lucha es para mantener el orden frente al desorden; por lo tanto, la racionalidad frente a la irracionalidad. Eso del poeta irracional, pasado de rosca, eso es una tontería. El arte es una lucha para imponer orden en un universo condenado al desorden."

"Los grandes dolores personales, como la muerte de un hijo, por ejemplo, no te imposibilitan para la felicidad. Un dolor es como un gran agujero y a partir de ese momento pasas a ser tú con un gran agujero y puedes proseguir tu camino hacia la felicidad. En cambio, lo que te pone trabas, zancadillas, barro y no te deja avanzar son estas mierdas del egoísmo, la avaricia, la envidia, el miedo, el miedo a perder el trabajo, a que tu mujer te deje... Esa especie de trabas de poca monta, eso sí que te separa de la felicidad."

17 de febrero de 2009

Poesía = subversión

Retomo lentamente algunos buenos hábitos, como postear seguido en mis queridos blogs. Para empezar a hacer algo por aquí de nuevo he decidido copiar un texto que me parece fundamental para comprender qué entiendo por 'poesía' y por qué los poeñoños y toda la greenpoetry suelen ponerme tan de la cabeza desde hace ya tanto tiempo. Pronto volveré a incluir mis propias reflexiones al respecto. Mientras tanto, vayan las palabras de un maestro: Aldo Pellegrini.


La acción subversiva de la poesía

Hay una fuerza en el hombre, proveniente del simple hecho de vivir, que condiciona su destino de modo fatal. Esta fuerza se vuelve visible a cada momento a través de las manifestaciones del amor, que tiende a trascender del individuo en una comunión con el todo, tiene sus propias leyes irreductibles a los esquemas racionales. La poesía aparece como expresión de ese impulso hacia el cumplimiento de un destino vital, y la fatalidad de ese destino se revela en la poesía como un hecho indiscutible. La poesía no es, por consiguiente, un lujo o un divertimiento, sino una necesidad, del mismo modo que lo es el amor. Todas las otras necesidades, aun las más perentorias, están subordinadas a esos dos, que en definitiva son los dos aspectos de una misma energía primordial que le confiere su verdadero sentido a la vida. Si penetramos profundamente en el significado del viejo refrán "No sólo de pan vive el hombre" comprobaremos que la lúcida sabiduría popular llega a una convicción análoga. Prescindir de la poesía equivaldría a renunciar a la vida.
Considerado así, lo poético no reside sólo en la palabra; es una manera de actuar, una manera de estar en el mundo y convivir con los seres y las cosas. El lenguaje poético en sus distintas formas (forma plástica, forma verbal, forma musical) no hace más que objetar de un modo comunicable, mediante los signos propios de cada lenguaje particular, esa fuerza expansiva de lo vital. Como consecuencia, el mundo poético está en todos, en la medida en que cada hombre es un ser integral. La clara consigna de Lautréamont, "La poesía debe ser hecha por todos", no tiene otro sentido. Aquel que ignora la poesía es un mutilado, tal como lo es aquel que ignora el amor.
La última afirmación podría sugerirnos la idea de que vivimos en un mundo de mutilados, pero no es así: lo que habitualmente encontramos no es la falta de impulso poético sino su represión. Y está reprimido porque vivir hacia lo ilimitado, como exige la poesía, es decir, vivir en la dimensión total, no resulta conveniente para las fuerzas opresoras que dominan el mundo. Aceptar ese modo de vivir significaría prestarle al hombre un carácter casi divino, lo que no interesa a los detentadores del poder, que prefieren considerar al hombre como un objeto, como algo inmóvil y sin dimensión. Para anular a la poesía se ha creado toda una organización de falso pudor, parecida a la que existe para limitar la extensión del amor. Por el crimen de pornografía se concena al amor sin trabas. Parecida condena de pornografía amenaza a la poesía auténtica, sin trabas. Los dos procesos que abren el camino de la libertad, de la acentura, de lo imprevisto y de la exaltación, se ven constreñidos a la categoría de parias sociales.
Abierto el camino de la libertad por la poesía, se establece automáticamente su acción subversiva. La poesía se convierte entonces en instrumento de lucha en pro de una condición humana en consonancia con las aspiraciones totales del hombre. Ceder a la exigencia de la poesía significa romper las ataduras creadas por el mundo cerrado de lo convencional.
Esta función de ruptura no pasa inadvertida para quienes aspiran a una conviviencia basada en la sumisión. Tampoco pasa inadvertida la importancia, la verdadera necesidad de la poesía como factor de expresión vital. La solución contemporánea de estos dos problemas la logran los detentadores del poder domesticando a los poetas, volviéndolos inofensivos, para que ofrezcan un producto falsificado o desnaturalizado que con el título de poesía reciba los honores oficiales, las prebendas. Así se logra un alimento sustitutivo de la pasión poética, que puede designarse con el nombre de poesía "oficial" y que es la negación total de la poesía. Así se alcanza el ideal de los carceleros: lanzar a los poetas contra la poesía.
Por este mecanismo de sustitución, el verdadero poeta queda fuera de la ley, y para darle a su engañifa características de consenso, los carceleros someten a los poetas a la repulsa de la opinión pública. Los detentadores del poder fabrican la llamada opinión pública, y ésta actúa dócilmente en defensa de los intereses que propician la sumisión. La opinión pública es la opinión de los hombres sin opinión, y éstos condenan la poesía. En el momento en que la poesía es colocada fuera de la ley aparece como consecuencia ineludible la figura del poeta repudiado: la poesía se vuelve maldita.
No todos los poetas ceden a la presión del poder y de la opinión pública. Dante, Villon, Blake, Rimbaud, Lautréamont, Artaud, agitaron en una u otra forma el látigo liberador. Pero hay poetas que se rinden, que claudican, y esta claudicación se obtiene a veces por los medios más indirectos. Uno de los medios indirectos de sumisión, en el que caen a menudo verdaderos poetas es el esteticismo. El arte por el arte significa siempre un arte sometido, que rehuye el peligro y busca el calor de los aplausos.
Pero esto no quiere decir que la acción subversiva de la poesía se realice mediante el tratamiento directo de los temas de subversión. No necesita por ejemplo, cantar a la libertad (palabra degradada por los falsarios de todos los colores) pues cantar a la libertad ha demostrado ser uno de los recursos de los propiciadores de la esclavitud. La libertad vive en la poesía misma, en su manera de expandirse sin trabas, en su poder explosivo. Está implícita en el acto de la creación, en ese modo de surgir de las zonas del espíritu donde reina la insumisión, donde es libre en todas las dimensiones. Libre de los esquemas de la razón, libre de las normas sociales, libre de las prohibiciones, libre de los prejuicios, libre de los cánones, libre del miedo, libre de las rigideces morales, libre de los dogmas, libre de sí misma. En esa zona del espíritu vive la experiencia milenaria de la especie, vive el sentido del hombre, se forman los deseos y las formas impulsoras de la dinámica vital. Allí se establece el vínculo real con el mundo a través de la única vía libre que lleva al universo todo. En esa zona se gesta el milagro, nace la excepción. La poesía tiene allí su imperio, y allí están las fuentes de la imaginación creadora que participa con las potencias del amor en la construcción del ser auténtico, que cuando se lo percibe dentro de sí determina la aparición de un orgullo silencioso y secreto, un orgullo que toma frecuentemente la apariencia de la humildad, y que es patrimonio casi exclusivo, en su monstruosa magnitud, de los santos y de los poetas.
La acción subversiva se manifiesta al ofrecernos la poesía la imagen de un universo en metamorfosis en oposición al universo rígido que nos imponen las conversaciones. La imagen poética en todas sus formas actúa como desintegradora de ese mundo convencional, nos muestra su fragilidad y su artificio, lo sustituye por otro palpitante y viviente que responde al deseo del hombre. Por eso la poesía auténtica degrada a quienes aspiran a existir en un medio dominado por la quietud, un medio pasivo, sin riesgos y sin imprevistos. Ese medio es un esquema irreal, abstracto, desvitalizado; es el falso mundo de la seguridad, que se parece más a un mundo de fantasmas que las más desaforadas creaciones de la imaginación poética. Para completar la paradoja, los defensores de ese mundo irreal se llaman a sí mismos, realistas.
Una actitud disconformista señala el paso inicial que dirige al hombre hacia el centro de acción de la poesía. El poeta se coloca frente a la sociedad aceptada y manejada por los conformistas. La maquinaria social al servicio de una organización deshumanizada reduce a los hombres a números, y cierra todos los caminos. Los que sueñan con el poder, cualquiera que fuere el mecanismo de éste (el dinero, la fuerza, el soborno, el chantaje, la política, el terro) tienden a reducir la conciencia de los hombres a cero. El mundo se convierte así en un reducto sin puertas ni ventanas, domine el patrón oro, o domine la burocracia. La poesía abre puertas y ventanas tanto hacia afuera, hacia el mundo, como hacia adentro, hacia el hombre. 
Pero indudablemente la poesía, al introducirnos en el misterio de lo real, nos descubre una vasta zona de peligro, una región inquietante y turbadora. Muchas veces lo poético toma la forma de un acto de violenta provocación y aparece como antipoético, como negador de la creación. Cuando Marcel Duchamp expuso una rueda de bicicleta o un portabotellas con la pretensión de que constituyesen obras de arte, realizó un acto poético del más alto valor subversivo. Lo mismo Rimbaud, al renunciar a la poesía, lleva a su extremo límite la actitud subversiva del poeta. La insumisión alcanza ese límite extremo en el momento en que proclama la negación de la poesía, y ese momento aparece cuando la poesía está seriamente amenazada de domesticidad. Así, lo antipoético se convierte en el valor supremo de subversión y en el mecanismo utilizado por los verdaderos poetas en defensa de la poesía en peligro, para reconquistar su fuerza liberadora. Mediante lo antipoético, se retorna al punto cero, en contacto con la fuente originaria, con el fuego central.
En el proceso utilizado para domesticar a los poetas, el aplauso, el consenso elogioso, la popularidad, son los factores más peligrosos. El poeta que sucumbe a la tormenta de los aplausos debe pensar que los imbéciles, que forman la gran masa de los llamados entendidos, no se equivocan nunca: sólo aclaman lo inofensivo. El poeta debe desconfiar de ese aplauso, de ese elogio unánime, con el que fabrican las rejas de su prisión. Por eso Bretón lanzó un alerta lúcido a los poetas al decir: "La aprobación del público debe rehuirse por encima de todo". Pues un poeta domesticado por el elogio tiene más valor para los predicadores de la sumisión que los inocentes versificadores que ellos presentan como sustituto. El poeta domesticado se convierte en ejemplo de la inutilidad de ser libre. Como el león domesticado, es una caricatura grotesca de un gran señor de la libertad, y sus rugidos adquieren entonces acentos de canto de ruiseñor. No es la confortable y estéril placidez de los parques artificiales la que conviene al poeta; su poder combativo y creador se exalta en la sorda lucha de la selva, y para el poeta de hoy la selva ha encontrado residencia en las grandes metrópolis, donde brotan del suelo gigantescos rascacielos, donde la vida se ve vuelta en la mañana inextricable y despiadada de un mundo mecanizado, y hombres-serpientes y hombres-chacales pululan por las calles.
El humor es el elemento que provee a la poesía de su mayor virulencia. Acerado como la luz, el humor se constituye en la vanguardia combativa en pro de la autenticidad del ser. Con su filo luminoso corta la oscuridad, y aporta el fuego que consume lo muerto y reanima lo vivo. Contiene el feroz deseo del hombre en su virtualidad renovadora, que corroe el mundo de lo inmóvil y lo opaco.
Latente o concreta, la subversión contenida en la poesía auténtica no ofrece dudas; pero la poesía no se reduce a un acto negativo puro: contemporáneamente a su acción provocadora afirma su fe en un mundo mejor que responda a la íntima realidad del hombre. Por eso sostiene una posición de recuperación de todos los antiguos mitos que ofrecen salida al desamparo: el mito del paraíso terrenal, el mito de la edad de oro. La poesía cree en esos mitos así como cree en la fuerza todopoderosa del amor. En esa común pasión coinciden los poetas con los fundadores de religiones. Esa es la causa por la que El sermón de la montaña se reúne con Así hablaba Zaratustra en la misma defensa del hombre. También los poetas hacen suya la memoria de los mártires que buscaron cambiar la condición humana, pues las torturas infligidas a los santos, a los revolucionarios y a los poetas, tienen todas el mismo significado de persecución del espíritu poético, de aniquilación del hombre que no se resigna a un destino sórdido. En una misma veneración se engloba a Jesucristo, Giordano Bruno, el obrero-poeta Bartolomeo Vanzetti y Antonin Artaud.
En una época como la actual, en la que la poesía tiende a la domesticación por los más variados mecanismos en los más variados regímenes sociales, los poetas auténticos se encuentran siempre alertas, aunque estén reducidos a la soledad o compelidos por la fuerza y el terror. De pronto aparecen los Vosnesensky, los Evtuchenko para recordar los derechos inalienables del hombre. Estamos próximos al momento en que la revolución en defensa del hombre se desarrollará en el plano de lo poético.

7 de diciembre de 2008

Frente al espejo (o más autobombo)

Sigo en plan autobombo, sabrán disculpar la inmodestia. Pero estimo que también comprenderán que la única manera que tiene un escritor de trascender mínimamente es, justamente, promocionando su trabajo él mismo (a no ser que tenga amigos en los lugares indicados y les pida que le hagan el autobombo por él). Pero ya Walt Whitman, allá a fines del siglo XIX, para promocionar su recién sacada del horno primera edición de Hojas de hierba, poemario emblemático si lo hay, al que siguió agregándole poemas con el paso de los años, sacaba también notas en los periódicos en los que trabajaba alabando dicha obra, firmando, desde luego, con seudónimos. Así que si Whitman lo hizo... por qué no iba yo a comentarles que nuevamente tengo la dicha de ver publicados en papel dos poemas gracias a un concurso...
Y nuevamente también, a pesar de la dicha que esto implica, queda el regusto amargo, no sólo por no haber ganado, que ese no es realmente el quid de la cuestión, sino por lo desparejo, desprolijo y desequilibrado del resultado final. Como en el caso de Junín, los textos ganadores, en mi opinión, no pasan de mediocres, cuando mucho. El resto de la antología es, asimismo, de un nivel muy bajo y desparejo, cosa que se ve reforzada por el escaso (o nulo, me atrevería a decir) cuidado de la edición. Yo entiendo que todo se hace "a pulmón", "con la mejor intención", "de todo corazón" y todo el ramillete de frases por el estilo que se quieran. Me parece bárbaro, perfecto, atendible, divino, precioso, etc. Eso no obsta que las cosas puedan (y deban) hacerse bien. Al momento de editar una antología, por modesta y bien intencionada que sea, no cuesta nada que alguien se tome algunos (lo ideal sería todos, pero bueno...) de los siguientes "trabajitos":


- Revisar cuidadosamente la ortografía, la gramática y el estilo. Me conformaría con que se revisara exhaustivamente la primera al menos. Si bien se supone que quienes envían sus trabajos al concurso han revisado exhaustivamente sus textos (la itálica no alcanza para dar el rango total de la ironía de esta frase, pero no tengo nada más efectivo a mano), nunca está de más que otro par de ojos vuelva a revisar todo lo enviado, pues si no se dispuso de versión electrónica de los textos y alguien los copió, es muy probable que se deslicen involuntarios errores, como los que detecté ya en esta antología sin siquiera haberla leído por completo. ¡Pásenle el corrector ortográfico por lo menos, muchachos!

- Unificar tipográficamente los textos. ¿Qué significa esto? Entre los escritores nóveles y bisoños existe una tremebunda confusión acerca de cómo deben usarse los signos de puntuación y cuáles deben usarse en cada ocasión. Los signos de puntuación son convenciones lingüísticas con funciones predeterminadas. Existe cierto margen de libertad en su uso (especialmente en la poesía), pero ello no significa que puedan ser usados de cualquier manera o como a uno se le antoje. El caso más gráfico al respecto es el de los puntos suspensivos. Queridos amigos poetas y narradores: los puntos suspensivos, por mucho que insistan, son sólo tres (3). No uno ni dos ni cuatro ni veinte: tres. Otro enorme problema para los novatos es el mejor amigo de la narración, como dice mi maestro Marcelo di Marco: la raya de diálogo, guión largo o inciso. Dicha raya no puede ser ni es nunca la misma que se usa para graficar el signo menos (-) ni tampoco es el guión bajo (_) sino que es, como su nombre lo indica, un guión más largo (—), que se usa única y exclusivamente para indicar el parlamento de un personaje y las acotaciones (o bien frases parentéticas) que hace el narrador y nada más. Y aquí me permitiré hacerle un favor a la población escritoril y les revelaré dónde encontrar dicho signo en el Word: en el menú "Insertar", opción "Símbolo", pestaña "Caracteres especiales" lo veréis muy orondo bajo el rótulo de "guión largo", ocupando el primer lugar de la lista. Deben seleccionarlo y apretar seguidamente la opción "Autocorrección", para proceder a elegir qué tecla deseáis que lo coloque mágicamente en vuestras pantallas y una vez hecho eso, ¡voilá! No habrá más penas ni olvidos ni guiones cortitos ni bajos ni rayitas extrañas sino el signo que corresponde. Más problemas traen, a su vez, los signos de exclamación, los de pregunta y las comillas. Nadie parece saber muy bien dónde abrirlos, dónde cerrarlos, si dejarlos abiertos, cerrados, perdidos o colgados. ¡Parece mentira que cosas tan sencillas cuesten tanto ser entendidas! Si alguien tiene dudas, por favor, sáquenselas: existen cantidad de manuales y gramáticas del castellano que en un trís cumplen con su cometido y nos aclaran cualquiera de estas cuestiones. Por mi parte, recomiendo por un lado la Ortografía esencial del español de Alberto Buitrago y Agustín Torijano, y por otro, ya con nivel de detalle más exhaustivo, El arte de escribir bien en español, manual de corrección de estilo coordinado por María Negroni (hay varias ediciones, una de ellas con un precio bastante accesible -hasta hace unos meses al menos, cuando había 'precios accesibles'). Antes que gastar (tirar) plata en el último best-seller de Pablo Conejo o de Dan Brownie, gasten unos pesitos en los libros de cabecera (diccionarios, gramáticas, manuales, etc.) que cualquier escritor, editor, poeta, persona interesada en las letras y la comunicación debe tener siempre a mano.

- Unificar visualmente los textos. Nuevamente, los escritores nóveles, los bisoños y en ocasiones los muy buenos y experimentados también, suelen tener serios problemas a la hora de definir, por ejemplo, los párametros más sencillos de la opción "Párrafo" del menú "Formato" de quien debería ser su mejor amigo en este mundo, el procesador de textos Word (o el que usaren). Algunos colocan unas sangrías kilométricas, otros desconocen completamente la existencia de las sangrías (¡con la importancia que revisten para el caso de la narrativa!), otros utilizan la que viene por default... La mejor, en mi opinión, es la de o, 5 cm. (la que viene por default es de 1, 25 cm.). Luego está el problema de la distancia entre los párrafos. La mayoría desconoce que existe algo que se llama "espacio activo" y separan todos los párrafos con un "renglón en blanco" cuando esto no es necesario en absoluto, a menos que se quiera indicar un cambio de escena o un cambio temporal. Pero Word, que, insisto, debe ser, sin lugar a dudas, nuestro mejor amigo en este mundo, tiene incluso una opción para separar los párrafos visualmente sin necesidad de apretar enter enter enter como endemoniado. Investiguen la opción "Párrafo" y la encontrarán enseguida.

- Embellecer estéticamente la página. ¿Cómo lograr tarea tan ímproba? Mediante la sencilla operación de utilizar una fuente agradable a la vista y, sobre todo, de las llamadas "serif", es decir de aquellas que llevan al ojo a seguir el flujo del texto sin que éste se canse. Lo diré más gráficamente: ¡¡¡basta de usar Arial!!! (aquí utilizo Arial porque Blogger no me ofrece muchas más opciones y porque esto no está destinado al papel, desde luego). Existen siderales cantidades de fuentes bellísimas, a mano en cualquier sitio de Internet. Pero si aún el expediente de ir, buscarlas y bajarlas a vuestras PCs os parece algo enloquecedor, tened a bien usar Times New Roman o Garamond, fuentes que nos acompañan desde Windows 95 para acá y haréis más felices a vuestros lectores ya que no fatigaréis sus oclayos con una fuente totalmente interdicta, como lo es Arial, para cualquier trabajo literario que se precie de tal. Mi maestro recomienda la fuente New York. Yo le agregaría Book Antiqua también. Lo más triste del caso es que sospecho que todas estas antologías (creo que es la quinta o sexta antología que cae en mis manos con la fucking Arial) usan esa fuente porque es la primera que aparece en la lista de fuentes del Word... ¡y pensar que con sólo darle un poquito de scroll al mouse podrían encontrar tantas fuentes agradables a la vista!

Pero más allá de estos detalles y desprolijidades, lo cierto es que dos poemas míos han visto nuevamente el papel y gracias a mi poesía, como fue este año con el caso de Junín, he conocido otra ciudad que no conocía, Hurlingham esta vez, patria espiritual de Sumo y Divididos, dos bandas que amo desde siempre...

10 de noviembre de 2008

Al filo del gozo (o un poco de autobombo!)


Comparto con uds. esta nota en la que se habla de la antología de poesía erótica donde han tenido la peregrina idea de incluir un poema de vuestra insegura y poética servidora. Para leer el poema de marras, dirigid vuestro índice aquí. Para leer la nota, dirigid vuestros oclayos hacia abajo nomás...

POETAS CHIAPANECAS PRESENTAN LA ANTOLOGÍA “AL FILO DEL GOZO” EN BELLAS ARTES
Antología de poesía erótica

Elisa Rodríguez García


El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, la Coordinación Nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes invitan a la presentación de la antología erótica escrita por mujeres en lengua castellana, Al filo del gozo (Guadalajara: Editorial “Viento al hombro”, 2008), compilada por las escritoras chiapanecas Socorro y Marisa Trejo Sirvent, que tendrá lugar el miércoles 12 de noviembre, a las 19:00 horas, en la Sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes.
En esta presentación que tendrá lugar en el Palacio de las Bellas Artes de México participarán aparte de las compiladoras: Eliseo Alberto, Dolores Castro, Lina Zerón y Lucía Rivadeneyra, además de realizarse también un recital poético con algunas de las poetas que radican en México, donde también se hará presente la voz de algunas autoras chiapanecas.
De acuerdo a la presentación de este trabajo de investigación hecho durante cuatro años por estas destacadas creadoras: “las poetas seleccionadas para esta antología forman parte de un corpus muy preciso que se hizo a partir de una amplia convocatoria difundida por Internet gracias a muchos poetas que la hicieron conocer a las autoras interesadas en participar en un proyecto no institucional, apoyado por la Editorial “Viento al hombro” y basado en una investigación que se circunscribió al material recibido. Es por esa razón que los textos de las poetas de algunos países son más abundantes que de otros. La convocatoria se fue difundiendo por sí misma a través de dos continentes: América y Europa. Se solicitaron diez poemas mínimos de cada autora, con temática erótica, de poetas vivas, con deseos de publicar sus textos en una antología erótica, a la cual se le ha puesto por título: “Al filo del gozo”, en homenaje a Rosario Castellanos y en referencia a uno de sus textos eróticos”.
A través de los años que llevó conformarla y a pesar de haberse cerrado la fecha límite para envío de textos, siguieron estas creadoras, recibiendo materiales seis meses más, aunque aclaran que: “el proceso de selección fue arduo y llevó muchas horas de trabajo y relecturas de poetas. Más que hablar de poetas seleccionadas, nos gusta hablar de poemas seleccionados, pues si bien quedaron fuera poemas de gran calidad avalados por trayectorias de reconocimiento internacional, fueron a fin de cuentas, los poemas y no las poetas, los que prevalecieron como derrotero en esta investigación y siempre tuvimos claro la concepción de poesía erótica que se quería mantener, dentro de un estilo quizás muy personal, desde nuestra estética, pensando en lo que deseábamos brindar a nuestros lectores virtuales. El tópico erótico es abordado desde múltiples facetas por las diversas autoras que se expresan en lengua española, sin importar su nacionalidad o lugar de residencia”.
Es de mencionar el cuidadoso trabajo hecho por la Editorial “Viento al hombro”, en especial, de José Luis Ruiz Abreu, director de “esta editora de provincia que tiene como objetivo principal la difusión de la literatura chiapaneca”, el cual ha impulsado la publicación de autores de esa entidad federativa, en especial de poetas jóvenes.
En la edición de Al filo del gozo sobresale su preciosa portada que incluye una pintura de Perla Estrada, artista plástica tabasqueña, así como también los interiores de esmerada selección de pinturas con temáticas relacionadas con los textos poéticos de Ricardo García Mora, Perla Estrada y Rogelio Urrusti de Tabasco y Jorge Ignacio Nazabal de Cuba, así como fotos de Marisa Trejo Sirvent. Cabe destacar que esta empresa pionera en Chiapas no cuenta con ningún subsidio o ayuda de ninguna institución u organización, consigue sus fondos para costear estas publicaciones de los encargos de otros poetas y escritores que sí pueden encargar una edición personal de sus obras.
Esta antología incluye poemas eróticos de noventa y ocho autoras latinoamericanas, algunas de ellas radicadas también en Estados Unidos, el Caribe y Finlandia y de Europa. Argentina está representada por las poetas Marisa Negri y Analía Pinto. De Bolivia están incluida Jessica Freudenthal Ovando y de Brasil, Cristina Pérez Stadelmann. De Colombia se incluyen: Eva Durán, Lauren Mendinueta y Carolina Valencia. Julieta Dobles aparece por Costa Rica. A Cuba la representan: Lídice Alemán, Odette Alonso, Yanitzia Canetti, Zoelia Frómeta Machado y Marié Rojas Tamayo. Mariana Falcón y Aleyda Quevedo por Ecuador. De El Salvador están Carmen González Huguet, Dina Posada y Silvia Elena Regalado. De España se incluyen poemas de Tina Escaja, María Paz Moreno, Carmen Nozal, Ángela Reyes, Carmen Rubio, Milagros Salvador y Beatriz Villacañas Palomo. Por Guatemala está Carolina Escobar Sarti. Soledad Altamirano Murillo, Lety Elvir Lazo y Waldina Medina por Honduras. Italia está representada con Silvia Favaretto. Entre las poetas de Nicaragua están Gioconda Belli, Yolanda Blanco, Gema Santamaría, Christian Santos y Andira Watson. Del Perú se incluyen Marita Troiano y Nastia Tanya Tynjala. De Puerto Rico están mairym Cruz-Bernal, Etnairis Rivera y Lourdes Vásquez. Finalmente, de Uruguay se encuentran Lucía Borsani, Déborah Eguren y Raquel Martínez Martínez y de Venezuela, ´María Antonieta Flores, Beatriz Alicia García Naranjo y Nidesca Suárez.
La antología muestra un número mayor de poetas mexicanas, todas ellas destacadas: Rosa María Adame, Edna Aponte, Ana Aridjis, Gabriela Balderas, Amaranta Caballero Prado, Alejandra Camposeco Prieto, Ibet Cázares, Jeannette L. Clariond, María Eugenia Díaz de la Cruz, Isolda Dosamantes, Liz Durand, Sofia Faddeeva, Gladys Fuentes Milla, Zulai Marcela Fuentes, Betty Galaviz, Yolanda Gómez Fuentes, María Ella Gómez Rivero, Estela Guerra Garnica, Clara del Carmen Guillen, Elda Guzmán, Silvia Mercedes Hernández-Mejía Tort, Leticia Herrera, Laura Hernández, Raquel Huerta Nava, Ana Kullik Lackner, Leticia Luna, Carolina Martínez, Yolanda Massieu, Thelma Nava, Ámbar Past, Maricruz Patiño, Silvia Pratt, Marizela Ríos Toledo, Lucía Rivadeneyra, María Eugenia Rodríguez Gaitán, Eurídice Román de Dios, Mara Romero, Araceli Sánchez Contreras, María Elena Solórzano, Rocío Tamé, Marisa Trejo Sirvent, Socorro Trejo Sirvent, Mariel Turrent Eggleton, Angélica Valero, Estrella Valle, Cordelia Vásquez Villatoro, Citlalli H. Xochitiotzin Ortega y Lina Zerón.
Es oportuno mencionar el magnífico trabajo hecho por Marisa y Socorro Trejo Sirvent, en principio, sobre la selección poética, la cual nunca decae, ni en belleza ni calidad, así como también la investigación realizada sobre la trayectoria poética de cada una de las autoras incluidas en sus fichas curriculares, precisas e iluminadoras y en la bibliografía final de la antología. Los méritos de estas dos escritoras chiapanecas han sido reconocidos a nivel internacional por sus múltiples inclusiones en antologías internacionales (dos de ellas bilingües en Francia y en Suiza) y su profusa presencia en revistas y portales de Internet, las traducciones de sus obras a otras lenguas, su participación en múltiples encuentros internacionales, sobresaliendo encuentros realizados en Cuba, España, Perú, Guatemala y México. En el ámbito nacional sus poemarios y ensayos han sido publicados por la UNAM (Colección “El ala del tigre”), U.A.E.M., Instituto Mexiquense de Cultura, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Papeles privados, la Tinta del Alcatraz, La Cuadrilla de la Langosta, Instituto Chiapaneco de Cultura, Universidad Autónoma de Chiapas, Seminario de Cultura Mexicana, Editorial “Viento al hombro” y CONACULTA y en diversos periódicos y revistas literarias nacionales. A nivel regional, son de destacar sus aportaciones también como promotoras culturales y literarias, como compiladoras de dos antologías de la poesía chiapaneca (Árbol de muchos pájaros, Universidad Autónoma del Estado de México, 2000, Poesía escrita por mujeres chiapanecas en el siglo XX, Secretaría de Educación de Chiapas, 2006) y una antología internacional (Al filo del gozo, Editorial “Viento al hombro”, 2008), así como en la organización de más de diez encuentros de poetas a nivel nacional realizados en Chiapas y cuatro internacionales, en homenaje a Rosario Castellanos, Jaime Sabines y Ernesto Cardenal y el Festival de Poesía de la Habana, Cuba, auspiciado por la UNESCO.


(La imagen que ilustra este post es de la artista Perla Estrada)

6 de octubre de 2008

Yo mando obras a concursos literarios, ¿y usted?

Sí, yo mando obras a concursos literarios, pero la verdad que no sé muy bien para qué. ¿Qué sueño o anhelo escondido bate sus suaves plumas allí? No lo sé. Supongo que ver publicada, en un libro "de verdad", con todas las de la ley, mis obras. Mi primer librito de poemas dista mucho, aún, de ser un 'libro de verdad', pero al menos no pagué un céntimo por él. De acuerdo, no se ha distribuido en ninguna librería, pero he podido regalarlo a parientes y amigos. De acuerdo, no es lo ideal, pero es un comienzo. Y lo obtuve gracias a un concurso, después de más de diez años enviando obras a concursos de toda calaña, obtuve ese primer y anhelado premio.
Pero ¿qué pasa cuando las obras ganadoras de otro concurso en el que una ha participado son sencillamente horrorosas? ¿Es un aliciente o un baldazo de agua fría en plena cara (por favor no usar aquí la palabra rostro!)? ¿Es un acicate o un 'mejor me dedico a otra cosa y chau'? Prefiero pensarlo como un desafío. El desafío de la resistencia. La absoluta resistencia al modelo o criterio literario que quieren imponer algunos, y que fomentan, quizá de modo inconsciente, lo que lo hace aún peor (aún más perverso), quienes premian bazofias como los textos ganadores del 7º concurso JunínPaís 2008.
¿Estoy sangrando por la herida porque mis maravillosas composiciones no merecieron más que una pobretona mención de honor? Ojalá fuera simplemente eso. Estoy horrorizada y compungida por el hecho de que alguien pueda pensar que 'eso' es literatura, que esos textos merecen estar impresos en letras de molde cuando les faltaba un enorme camino para llegar a un primer borrador más o menos aceptable. ¿Soy yo la única obsesionada con el rigor, el método, la corrección incesante, el pulimiento interminable, la labor limae, nulla die sine linea, etc.? No. Afortunadamente no. Afortunadamente existen otras personas con preocupaciones similares. Afortunadamente incluso personas "ajenas" al mundillo literario expresaron su asombro y disgusto ante el escaso nivel de los textos premiados.
Qué lástima que no los tengo a mano, sólo pude escucharlos en el acto de premiación realizado en la bella ciudad bonaerense de Junín (una ciudad sin colectivos de línea, sin edificios altos, sin mugre y degradación, con calles aún de empedrado, con edificios centenarios...). El poema ganador era insulso. Técnicamente irreprochable pero básicamente insulso. Es decir, no decía nada. Producía lo peor que, en mi opinión, puede producir un poema que es la pregunta "¿y?". Prefiero un millón de veces que me digan "tu poema es una mierda" a que el lector se quede ante él diciéndose "¿y con eso, qué?". Las imágenes eran trilladas, pero esto ya parece imposible de erradicar, puesto que todos estos 'poetas' son fanáticos devotos del escribir bonito y cuantos más lugares comunes ponemos, más poético es, amigos! ¿Alguna vez se percatarán todos estos escribidores que escribir una vez más lo que ya se ha dicho, escrito y leído un millón de veces no sirve de nada? ¿Que es contribuir a que la literatura sea un depósito hediondo de catarsis mal resueltas, una catarata de versitos terapéuticos escritos por amas de casa aburridas, maestras ignorantes o abogados preocupados por la situación social y la crisis financiera mundial? ¡Que escriban, si quieren, pero que no pretendan que eso es literatura, carajo!
Peor fue el caso del texto ganador en cuento. Sobre todo si partimos de la base de que ni siquiera era un cuento. Al menos lo que yo, una lectora voraz desde los quince años, una autodidacta insobornable pero también una destacada alumna de la carrera de Letras, además de poeta y escritora (una amante de la literatura, por si no quedó claro a esta altura), entiendo que es un cuento. Definiciones de cuento hay a patadas, pero cualquier lector mínimamente entrenado en el arte narrativo sabe distinguir uno de inmediato. Un cuento cuenta algo que le pasa a alguien de modo tal que no parezca el noticiero de las siete o la sección policial de Crónica. Pues bien, el texto ganador de tan importante certamen, con un premio por demás apetecible (una suma efectivo más la publicación del libro con obras propias gratis) no era más que una crónica periodística mal disfrazada de literatura, o de algo pretendidamente literario.
Yo me pregunto: ¿qué concepción de la literatura tiene entonces el jurado de ese concurso? ¿Tengo que creer que los poeñoños ganarán la partida y pronto nos veremos inundados por carradas de textos autoeditados, textos vomitivos, textos infumables, textos imbuidos del maldito espíritu del "hágalo usted mismo" que azota este nuevo milenio junto con la asquerosa corrección política que tanto detesto? ¿Es que nunca leyeron un cuento, un cuento de verdad? ¿No saben que un cuento se compone de una situación inicial, de un conflicto que cambia esa situación, de un nudo en el que se decide el rumbo y de un desenlace que puede ser abierto, cerrado, sorpresivo, inesperado, etc.? ¿No saben que agarrar una noticia del diario y ponerla en párrafos y adornarla con lugares comunes no es un cuento? ¿Conocen la diferencia entre el lenguaje informativo y el lenguaje expresivo? ¿No saben que la literatura es, ante todo, EXPRESIVA? ¿Que el lenguaje informativo es nuestro enemigo más atroz? ¿Que por eso hay que evitar los lugares comunes, las frases trilladas, lo ramplón, lo cursi, lo ideico, lo que vemos y oímos a diario?
Parece que todas estas ideas son gloriosamente desconocidas por quienes se dicen escritores, editores, jurados, etc. ¿Qué literatura quieren entonces? ¿Una literatura de noticiero, que diga exactamente lo mismo que Guillermo Andino pero sin sus ojitos celestes de muchacho bueno que nunca transgredió una ley? ¿No saben acaso del PODER de la palabra? ¿No saben que la literatura, la poesía es una forma de la subversión, de la rebelión, de la resistencia a lo anquilosado y obsoleto, de la más maravillosa anarquía? ¿No conocen la diferencia, el abismo que existe entre el diario y un cuento de Cortázar? ¿No han experimentado jamás la inefable revelación que porta un poema bien hecho, un poema verdadero, un poema nacido de las entrañas y trabajado con dedicación de orfebre hasta dejarlo reluciente como un alhaja, siempre nuevo cada vez, vivo de una vez y para siempre?
Parece que no.
De cualquier manera, no dejaré por ello de enviar obras a concursos literarios, incluso a este mismo y a cualquier otro que se me ponga a tiro, porque creo que nuestro trabajo debe ser reconocido. Que los ñoños hayan ganado esta batalla no significa que vayan a ganar la guerra.

24 de agosto de 2008

Cuando el arte necesita la explicación del artista

Fui invitada a participar con un texto publicado en poematriz (éste) en el Festival por las Mil y Una Artes, que se realizó este domingo en el centro cultural de igual nombre. Había también bandas en vivo, eléctricas y acústicas, exposición de cuadros, performances de teatro, fotografía, etc.
No deseo hacer una review de lo que vi porque no es la idea de este blog ni fui con ese espíritu, sino que deseo reflexionar sobre algo que vengo observando hace ya tiempo y que hoy volvió a aparecer frente a mis ojos. Se relaciona específicamente con la plástica, con las artes plásticas y sobre todo lo he visto con la pintura, como fue el caso hoy.
Parece que un cuadro ya no puede sostenerse por si mismo y el artista, en este caso el pintor, debe además escribir en un papel aparte qué quiso decir con el cuadro. No es la primera vez que lo veo, por eso volvió a llamarme la atención. Ejemplo gráfico: un cuadro, bastante bueno, de un ala de mariposa. Al lado, un cartelito con palabras de la autora en las que intentaba explicar qué había querido decir con eso. Algo tan banal y ñoño que ni siquiera lo retuve. Algo que el cuadro no requiere ni requeriría jamás. Yo, como espectadora, no necesito que me digan que las alas de la mariposa ahí pintadas simbolizan los sueños, la libertad o cualquier otra patraña por el estilo. Yo, si tengo ganas, sacaré mi propia conclusión al respecto. Yo, si el cuadro me moviliza, en uno u otro sentido, decidiré qué simbolizan esas alas para mí, algo que no necesariamente debe concordar con lo que el artista, supuestamente, "intentó".
¿Qué tal si Da Vinci hubiera puesto un cartelito al lado de La Gioconda diciendo "pinté a esta pelotuda para darle la única alegría de su vida" o cualquier otra cosa ajena, foránea en tanto es otro soporte, a la obra? ¿Por qué no también empezar a explicar los poemas o las novelas que escribimos con un apéndice o, mejor aún, con un menú contextual desplegable?
Ya sé: todo esto se debe al llamado "giro lingüístico", maldito giro posmoderno por el cual ya no hablamos de música, pintura o fotografía, sino de "discursos musicales", "discursos pictóricos" y así por el estilo. Y siendo una defensora acérrima y total, una laburanta de la palabra, una fanática del lenguaje, mi única religión como siempre decimos con un amigo, no me agrada en absoluto que otros lenguajes deban adoptar la lengua para expresarse o para descifrar su intención última, cuando debieran tener (lo peor es que la tienen) la fuerza suficiente para decirnos lo que quieren decirnos sin recurrir a otras ajenidades.
Si pintás, limitate a pintar y a decir todo lo que querés decir con el pincel. Si pintás y además querés escribir, me parece genial, es más te aliento a ello y a que incluso intentes fundir ambas artes, pero no quiero que me des un cuadro y al lado una explicación escrita, innecesaria e inentendible en ocasiones de "lo que quisiste hacer" o de "cómo te ves inmerso en el panorama del siglo XXI". Dejale esa ingrata tarea a los críticos, que para eso están o deberían estar (aunque también podríamos discutir cuál es su verdadera función, pero lo dejo para otro post).
Qué será lo próximo, me pregunto también. Cuál será el próximo giro, qué vuelta dará el arte (o el no-arte) esta vez...

11 de agosto de 2008

Y sin embargo...

No iba a decir nada porque siempre me persigue el sambenito de "no seas taaaaaaaaaaan autorreferencial en tus blogs, que queda feíto", pero, al carajo, lo de la autorreferencialidad como algo negativo es algo tan nocivo como creer que, en efecto, la objetividad existe y no es una gran falacia retórica y nada más. 
Esto a cuento de lo siguiente: algo me pasa con este blog. Algo negativo, quiero decir. Ya sé, se estarán preguntando ¿y a mí qué corno me importa lo que a ésta le pasa con su blog? Ya sé, pero no me importa, porque alguna causa ha de haber para que yo no pueda conectarme bien con este blog. ¿A qué llamo "conectarme bien"? A escribir con la misma fluidez y alegría con que lo hago aquí, aquí y aquí. A pesar de algunos tropiezos y traspiés, he logrado encontrarle la vuelta, el estilo y el tono a cada blog. No es el caso aquí. O tal vez sí y no me atrevo a ir a fondo. Quizá sea eso. Debe ser eso. Debe ser el último resto de corrección política que me queda, si alguna vez tuve algo de eso. Quizá deba atemperar un poco el tono beligerante y darle un poco más de aire a la reflexión, a las noticias, las novedades... No lo sé. No me termina de convencer esa opción. Sí ocuparme más de la reflexión sobre el acto poético, lo otro me parece más de lo mismo. Hay un millón de blogs en los que encontrar noticias, novedades, concursos... muy pocos en los que se pueda asistir al pensamiento vivo, ja, de un creador. 
Entonces, debo confesarles que estuve a punto de borrar, otra vez, este blog y hacer uno nuevo, pero este comportamiento tampoco me parece muy adecuado... No sé si es parte de mi neurosis o si simplemente debo seguir ese impulso y hacer el blog que siempre he querido hacer (que no es ninguno de los que tengo hasta ahora, pero que cada vez que fundé uno fue con ese espíritu y los propios blogs, los propios textos me fueron llevando por otros caminos, no sospechados y más que fructíferos). Por ejemplo, me encuentro ante la disyuntiva de postear aquí o no poemas míos. Es algo que he hecho ya en curvas y que ahora estoy haciendo en poematriz. Otro dilema es postear o no poemas de autores universales, ya que poematriz ha tomado un cariz (por sí solo, se diría, aunque sabemos que no es así) netamente femenino, que ahora no quiero que se desdibuje, lo que excluye los poemas escritos por hombres... Más todavía, está el dilema del diseño, de los colores, de las fuentes, todas cosas que nunca me terminaron de convencer en este espacio. No sé si esto les pasa a todos los bloggers o sólo a los desquiciados como yo. Help! Ay de la vida... nadie responde? diría Quevedus. 
No lo sé, insisto. Pero, entretanto, he decidido ser expeditiva y práctica como lo soy en curvas. Cuando no sé qué postear o no se me ocurre nada, recurro a las alertas de Google. Y hoy las dichas alertas, tan alabadas siempre por mí, me trajeron este regalo, que calza justo aquí y que me sirvió de excusa para exponer todos estos vaivenes que quizá debí haberme guardado o escrito en un cuadernito cualquiera, pero ya que conciernen exclusivamente a este blog... ¿qué sentido tiene esconderlos como si fueran basurita abajo de la alfombra? Precisamente, el arte, la poesía, vienen a decirnos que la basurita no se esconde debajo de la alfombra y que el precio por hacerlo es muy caro. En lo posible (siempre habrá un cadáver que ocultar, por cierto) yo ya no quiero hacerlo. 
Los dejo con estas notas, de al parecer otro rumiante, junto al link a su contexto original: 

La poesía y sin embargo - Estanislao Giménez Corte

I
Tan bien se ha dicho siempre, tan certeramente se ha explicado que no hay posibilidad alguna de definir a la poesía y sin embargo...; sin embargo, con el convencimiento de una derrota asumida de antemano, cada tanto, unos y otros, autores y lectores, insisten en caminar en derredor del término, auscultándolo, de lejos, o acercándose con desconfianza, escrutándolo, como a un alguien o un algo al que, paralelamente, se lo desea y se le teme y sin embargo...; sin embargo, terminan huyendo, creo, unos y otros, antes o después, tan áspera es la no-respuesta, tan lábil, tan inasible, tan denso el vocablo, que se disuelve, como el aire en el aire, ante la mirada entre inquisidora y aterrada, tan atabacado es el aliento que agota las arterias de los que corren detrás de la palabra ésa; la poesía, claro, no está en las definiciones y sin embargo, quizás sí esté, en parte, en las preguntas que se hacen sobre ella. 

II
No la definió Mario Trejo cuando escribió: "leo/vuelvo a ver una vieja película/hago noche en Coltrane/y estiro el brazo y acaricio a mi bella/que fuma y ahora me convida"; ni cuando: "la soledad se hizo añicos/la poesía palabras". No la definió Juan Gelman cuando escribió: "no hay centro/todo es intemperie"; ni cuando: "la poesía da forma al vacío para que éste sea posible" . No la definió Alejandra Pizarnik cuando: "el centro de un poema/es otro poema/el centro del centro/es la ausencia/mi sombra es el centro/del centro del poema". No la definió Walt Whitman cuando: "yo no hago otra cosa que escribir/una o dos palabras indicativas/para el porvenir". No la definió Antonio Machado cuando: ""dicen que el hombre no es hombre/mientras no oye su nombre/ de labios de una mujer". Ninguno, nadie ha de preciarse, nunca, de cuando... y sin embargo.

III
Tan bien, tanto, tan gravemente se puede decir que no quisieron definirla, que no pudieron, que no buscaron, que no pretendieron y sin embargo...; sin embargo, sí dulcemente, puede decirse que le pasaron cerca, de lado, que la respiraron, que la olieron, como un animal en celo a un amante inalcanzable, que la observaron desaparecer en el horizonte y volver, acaso, alguna vez, en noche, inesperadamente y sin embargo...; sin embargo, se podría decir que, en ese roce permitido, en el paso adivinado, en su cortejo inútil (no en su intelección), menos que sentido, verdad, teoría, hay belleza, restos, pedazos, migajas de belleza y sin embargo; y sin embargo... basta por favor con el maldito nexo adversativo.

30 de junio de 2008

Nuevo espacio para seguir rumiando y deleitando con poesía

Rumiantes leyentes: una servidora prosigue con su campaña pro poesía y acaba de fundar un nuevo blog (p o e m a t r i z) para que uds. puedan allí no sólo leer lo que ella produce (ya que aquí se limita a teorizar, provocar, disparar, comparar, aullar, opinar y otros etc. por el estilo) sino también lo que ella misma irá seleccionando de entre sus vastos archivos poéticos.
Por el momento, habrá poemas de otras féminas, contemporáneas, conocidas, amigas y no tanto, pero más adelante planea también publicar a finos varones del verso, tanto conocidos como amigos y reciénvenidos que valga la pena difundir por estos espacios.
Que lo disfruten y pronto volverán los posteos por aquí.
AP

14 de abril de 2008

El poeta, un ciudadano fronterizo

Así sería, según sostiene el poeta español Luis García Montero, autor de un excelente libro sobre Gustavo Adolfo Bécquer, Gigante y extraño, en el que desmitifica una a una todas las mistificaciones (todas las ñoñerías, diría yo) de que fue objeto -y aún sigue siendo- el gran poeta sevillano, anclado para siempre entre lo más cursi de lo cursi según una equivocada concepción de, precisamente, lo cursi y lo que significaba para Bécquer ser así, y no de otro modo, en aquel momento.
Aquí, un reportaje extraído de ADN, en el que Montero dice cosas que juzgo muy interesantes y por eso deseo compartirlas con los rumiadores leyentes, mientras preparo mis apuntes para hablar del curso de poesía argentina contemporánea que se está dictando en el MALBA.

Premio Nacional de Literatura, García Montero ha privilegiado un lenguaje accesible que no renuncia a la hondura. Y en lo que es toda una declaración de principios, ha descrito su obra como "un país humilde" que limita "al norte con la vanguardia juvenil, al este con la poesía social, el oeste con la retórica clásica y al sur con el mar de las letras de tango o de bolero y con las canciones de Joaquín Sabina". La poesía, dice, es asunto de ciudadanos.

-El lenguaje, y esto vale también para la poesía, es un espacio público que tiende a la comunicación. Pero no es un espacio inocente. Manipuladas, las palabras mienten y ayudan a mentir, más que a conocer y a comunicar. Ocurre con frecuencia en los discursos políticos: palabras como libertad, seguridad o democracia justifican crímenes horrorosos. O en el mercado laboral, donde en nombre de la flexibilidad casi no hay derecho a un trabajo estable o a un despido digno. Con instinto filológico, la sociedad española habla de contratos basura, un concepto que se acerca mucho más a la realidad. A eso me refiero cuando hablo de la manipulación del lenguaje, que sirve para liquidar las conciencias en vez de despertarlas.
-¿Qué puede aportar la palabra poética a este estado de cosas?
-La sociedad en que vivimos lleva a la comodidad, al esquematismo, busca un titular de impacto, la certeza. Pero en este momento de confusión, más importante que invitar a responder es invitar a preguntarse. Invitar a meditar. Hoy la lentitud es un valor de la poesía. Puede parecer un disparate estar un día entero pensando un adjetivo, pero creo que el poeta es alguien que se ha acostumbrado a pensar las cosas tres veces. Cuando nos preguntan algo, el 99 por ciento de nosotros respondemos con lugares comunes. Un segundo momento es decir ya no lo primero que se te ocurre sino lo que te conviene. Y un tercer momento es decir aquello que uno cree que debe decir, aunque genere incomprensión y antipatía. Ese es el lugar del poeta. La verdad no es un punto de partida sino de llegada.
-Ya desde el título de su libro de ensayos habla de los poetas como "los dueños del vacío".
-El tema del libro es la reivindicación de la conciencia. Utilizo el caso de Federico García Lorca, a quien se lo ha presentado como un poeta enraizado, el gran andaluz. Pero en su último libro, Diván del Tamarit , vuelve a Granada y advierte que ha perdido su infancia: el parque donde jugaba no existe y la casa donde vivía ha sido derribada. Descubre que no existen verdades esenciales porque todo está en perpetuo movimiento. Neruda y Alberti, en cambio, optan por los vínculos; no por la nostalgia sino por la solidaridad. En nombre de la libertad y de la justicia, hacen militancia comunista. Oponen a la tierra, la idea. Neruda llega a escribir una oda a la muerte de Stalin, pero va a Rusia y después de ver lo que ha hecho ese hombre escribe que Stalin ha puesto un cadáver en cada jardín de la Unión Soviética. Como se ve, ambos extremos decepcionan. Frente al vacío del ensimismamiento, de la esencia terrenal, y frente al vacío de la entrega a la idea, a la consigna, la salida es la conciencia individual, un territorio fronterizo entre ambas. Por encima de la conciencia individual no puede haber una consigna patriótica, ni una política ni una religiosa. El individuo no puede diluirse en un discurso totalitario del carácter que sea. Y esa conciencia es el territorio de la poesía.
-"Vivir es ir doblando banderas", ha escrito en un poema suyo. ¿Resultado de haber ido adentrándose en su propio vacío?
-Tiene que ver con eso. Ese verso pertenece a Habitaciones separadas , un libro de crisis, entre otros motivos por haber creído en muchos sueños que estaban desintegrándose por entonces. Tuve la tentación de expulsar los sueños de mi casa y ser muy realista. Pero quien expulsa los sueños acaba convirtiéndose en un cínico. Entonces hice un pacto conmigo mismo: no echo los sueños pero tampoco sigo durmiendo con ellos. Vamos a vivir en habitaciones separadas. Mis sueños en una cama y yo, en otra. ¿Hay desencanto en esto? Creo que no, pero el optimismo no puede renunciar a la lucidez. Volvemos a la conciencia.
-Se ha declarado poeta de la experiencia. ¿Lo dijo con ánimo provocativo?
-En la poesía española hubo un debate muy grande cuando una serie de poetas volvimos a hablar de temas de la realidad y a entender que la poesía no era la invención de un lenguaje extraño sino el tratamiento lo más riguroso posible del lenguaje de todos. Algunos, de manera un poco despreciativa, nos llamaron poetas de la experiencia, para dar la idea de que simplemente contábamos lo que nos pasaba en nuestras vidas sin preocuparnos de elaborarlo de manera literaria. Entonces yo escribí un texto que alude a las reuniones de Alcohólicos Anónimos, en las que los participantes deben confesar en público su condición. Jugué con eso para asumir mi propio vicio y me presenté en público como poeta de la experiencia.
-De todos modos, la experiencia debe ser elaborada de manera literaria.
-Claro, si el escritor quiere hablar de su vida tiene que elaborar literariamente su propia biografía para convertirla en experiencia estética. No es lo mismo el yo biográfico que el personaje literario. En la configuración de ese personaje es tan importante lo que uno pone de sí mismo como lo que borra.
-También le ha interesado la poesía amorosa.
-Seguí a Antonio Machado, que decía que los sentimientos son tan históricos como los hechos públicos, porque la forma de estar enamorado pertenece a una educación sentimental que es tan histórica como una batalla. Cuando era joven, esa reflexión me vino muy bien para hacerme entender que, incluso desde mi militancia política de entonces, la indagación en la intimidad era una forma de compromiso. La intimidad es un territorio ideológico. Escribir poesía amorosa es lo más difícil del mundo. Existen todos los peligros.
-¿Por ejemplo?
-La cursilería, creer que la poesía es un desahogo. Cuando uno está enamorado, cree que ese sentimiento del "yo te quiero mucho" le importa a la gente.
-Se escribe con el recuerdo del recuerdo, decía Pavese.
-A mí esa frase siempre me gustó mucho. Me recordaba a un poeta tan sentimental como Gustavo Adolfo Bécquer, que dijo: "Cuando siento, no escribo". Incluso el canalla de Bécquer, para amenaza de todos los poetas, escribió una carta a una mujer en que le dice que cuando un poeta te escribe un buen poema de amor, hay que desconfiar de sus sentimientos. Cuando escribí Completamente viernes , un libro de amor, acudí a toda la tradición poética amorosa para distanciarme de mí mismo e intentar poner en literatura lo que en ese momento era un sentimiento de pura agonía.
-¿A qué obedeció esa original definición de su poesía que incluyó en uno de sus libros?
-Quería definir mi posición fronteriza. Lo escribí en el prólogo a un libro que tenía cosas de vanguardia y homenajes a la tradición, que iba desde la reivindicación del soneto hasta el poema en prosa, y poemas de lucha política propios de mi compromiso junto con poemas de una intimidad extrema. Me interesaba definirme como un ciudadano fronterizo, que por una parte limitaba con la vanguardia y por la otra, con la tradición, porque apostar por la modernidad creyéndose que uno lo va a inventar todo es más bien ridículo. Soy catedrático de literatura, conozco la tradición, pero no quiero que la literatura huela a cerrado, a rancio. Quiero estar con los ojos abiertos en la calle y por eso me declaraba tan admirador de Garcilaso o de Ricardo Molinari como de Joaquín Sabina.
-¿Faltan lectores de poesía?
-La poesía no vende bien. Es un género que exige mucho y no están los tiempos para eso. Pero también hay responsabilidad de los propios poetas, que nos hemos dedicado a escribir para el oficio y para otros poetas. Después de muchos años instalados en la ruptura, la poesía debe estar en contacto con la realidad y la vida. Ya el mercantilismo más radical se está encargando de romperlo todo, se están liquidando las naciones, todo está en manos del mercado. Y no hay nada que se vaya pareciendo más a un poeta bohemio que un ejecutivo neoliberal: están en contra de la estabilidad, de la construcción, del trabajo seguro, y cantan al movimiento perpetuo y la destrucción. Reconozco lo importante que ha sido para la vanguardia y para el siglo XX esta óptica de radicalización romántica de la ruptura, pero creo que es momento de cambiar de perspectiva. Por eso, cuando me acerco al lenguaje, me interesa más tratarlo como un espacio público y no como el experimento donde voy a romper las palabras para llamar a la mesa, pájaro, y al pájaro, mesa.

6 de abril de 2008

Una (posible) poética

Transcribo este texto, publicado en una lista literaria (Factor Serpiente), con el debido permiso de su autor, ya que su lectura me produjo numerosas inquietudes e interrogantes. Pero antes de ir a por ellas, prefiero exponer sin más el texto, que no necesita, por cierto, demasiadas presentaciones.

LOS POEMAS ACTUALES QUE ME GENERAN REPAROS:

Los poemas plañideros que siguen usando el recurso de dirigirse a un "tú".

Los poemas poéticos.

Los poemas emotivos cuando no deben.

Los poemas que no emocionan cuando deben.

Los poemas afectivos sin pudor.

Los poemas pudorosos sin afecto.

Los poemas recostados en la adjetivación.

Los poemas que dejan ver el esfuerzo del que los escribe.

Los poemas pasibles de ser recitados, o que delatan la voluntad recitativa de su autor.

Los poemas que hablan directamente de su objeto.

Los poemas escritos con expectativas.

Los poemas cuyas entrelíneas no dicen nada.

Los poemas que no respiran.

Los poemas que no producen misterio alguno.

Los poemas escritos desde la cultura general.

Los poemas que luego de un hallazgo, decaen sin remedio.

Los poemas tediosos.

Los poemas pretenciosos.

Los poemas afanosamente cálidos.

Los poemas deliberadamente fríos.

Los poemas obvios.

Los poemas innecesarios.

Los poemas superabundantes.

Los poemas de las personas normales que quieren dejar de serlo.

Los poemas de las personas aburridas que quieren dejar de estarlo.

Los poemas de los que no toman riesgos.

Los poemas de los que no entienden que es tomar riesgos.

Los poemas escritos para agradar.

Los poemas escritos para impresionar.

Los poemas que no deliran en el momento justo.

Los poemas de los que no son poetas, y no lo saben.

Miguel Ruibal

Lo más llamativo del caso no es tanto el interrogante que queda flotando tras leer esto (es decir, ¿qué poesía queda entonces? ¿queda algo pasible de ser llamado poesía si se evitaran cuidadosamente todos estos reparos? Quizá sí, pero, ¿a qué precio? Me reservo esta cuestión para otro momento), sino el hecho de que quien hace estas ácidas y justas observaciones no es un poeta (al menos no se ha declarado como tal en la lista y si escribe no nos enviado sus textos) sino un fotográfo y dibujante (si pinchan aquí, verán sus fotos; si aquí, sus dibujos). ¿Acaso el provenir de otra rama de arte le permite ver con mayor objetividad los notorios vicios de los que adolesce buena parte de la poesía que se escribe hoy día (y de la que, quizá, se escribió siempre?). ¿Acaso tener otras herramientas de trabajo, otra forma de hacer arte le permite a Ruibal una nitidez que a quienes estamos inmersos en el "devenir poético" nos es vedada? Tal vez.
Tal vez alejarse y mirar con perspectiva sea la clave. Sin endiosamientos rídiculos. Sin suponer que lo que hacemos es genial por el mero hecho de hacerlo. O mejor dicho: es genial mientras lo hacemos pero una vez hecho habremos de tener la suficiente valentía para o bien descartarlo por cursi, remanido, gastado, trillado, mil veces visto o bien para seguir trabajándolo con la esperanza de hacer brillar la gema que suponemos (y deseamos ardientemente) allí escondida. Éste es el paso que los poeñoños se saltan con su candor irresoluto: si es cursi o trillado, no importa; mejor, es su razonamiento, le va a gustar a más gente (claro, a la gente que no lee poesía "de verdad" -qué mal suena esto pero no encuentro otra manera de decirlo en este momento- y que sólo se alimenta de la cursilería ñoña al uso que nos quieren vender como 'poesía'); por otro lado, si hay, hubiera o hubiese una gema, por pequeña que fuera, escondida en sus pobres versos, tampoco están dispuestos a hallarla, mucho menos a frotarla hasta que entregue todos los brillos y esplendores posibles, porque la poesía, ese sacrosanto producto del "corazón", "no se corrige" (este argumento en ocasiones se refuerza con la invocación a alguna supuesta figura de autoridad, i. e., "Neruda/Benedetti/o cualquier otro poeta reverenciado por los poeñoños no corrigen"; dislate grande como una casa, y fácilmente rebatible, pero vaya usted a convencerlos de que sus dioses poéticos corrigen como cualquier poeta o artista que se precie de tal a los poeñoños!).
Tal vez tener a la vista los reparos de Ruibal no sea desatinado. No al momento de escribir, sino después, al momento de corregir. Y acaso fabricar nuestra propia lista de reparos tampoco sea desatinado, sino que, por el contrario, podría funcionar como una brújula para los momentos en que el élan poético nos arrastra con su vendaval y perdemos la noción de donde estamos, cosa que suele ocurrir con frecuencia. Como le decía yo a Ruibal en mi pedido de autorización para usar su texto, "lo que me genera reparos a mí es qué poemas quedan una vez que eliminamos todos estos... sin embargo a mí también me generan reparos la mayor parte de los que citás aquí, y más todavía porque he incurrido en muchos de ellos (y calculo que sigo incurriendo) con gran asiduidad a lo largo de los años... En fin. Un poco de autocrítica nunca está de más".
Autocrítica, rigor, labor limae, corrección infinita y constante, técnica, oficio, nulla die sine linea... cucos horribles para los poetas terapéuticos, para los que se creen poetas y no lo son, para los que aún proclaman que la poesía no es literatura (será entonces brain surgery, rocket science, mecánica de los fluidos, vaya uno a saber...), para los que suponen que escribir poesía es lo mismo que soplar y hacer botellas.

26 de marzo de 2008

El ganador del Orozco no es un poeñoño

¡Bien! Me alegro.
Confieso que consideré seriamente presentarme a ese concurso de poesía (me refiero al "Premio de Poesía Olga Orozco", en cuyo jurado se encontraban, entre otros, Jorge Boccanera y el genial poeta chileno Gonzalo Rojas). Pero, como siempre, los imponderables vericuetos de mi mente más las vicisitudes de una existencia excesiva (y falsa)mente romántica hicieron que el tiempo pasara y no llegara a preparar nada... Mentira: tenía un poemario listo desde hace mucho. Podía haberlo enviado y ya. Sin tanto aspaviento, sin hacer escombro. Pero no me animé. No tuve ovarios. ¿Los tendré para la próxima edición? Ojalá.
Por eso me alegro. Porque el premio no lo ganó un poeñoño ni un detestable espontaneísta ni un versificador del año 10. Lo ganó un poeta, un vociferador, un hacedor, como dijera Borges vía los queridos griegos. Extraigo de una nota algo exigua pero buena en su brevedad algunas frases de Eugenio Mandrini (el ganador, pues) que me parece valen la pena ser leídas y tenidas en cuenta. Consultado acerca de su forma de escribir, dijo: 

"Escribo en la soledad más absoluta, fatalmente de noche en mi laboratorio, tapo la ventana con una frazada para que no haya luz porque la abrumadora realidad del nuevo día me inhabilita los conocimientos con los que escribo. También cuento con un interlocutor inventado que me lee en voz alta, porque el ojo silencioso no puede alcanzar ese espacio. A su vez, recibo de dos maneras el hecho poético: un pinchazo de alfiler, como un herpes, erupción que va a salir; o gran desasosiego como un escorpión y yo sé que algo viene. Siempre aparecen algunas palabras; para sostenerlas les pongo un título, sin él no puedo escribir porque es la capa del mago, el telón de fondo del teatro: donde se descorre aparece algo extraordinario."

Acerca de la poesía, sentenció:

"No alcanza con decir que la poesía es un oficio, ha llegado el momento de que la poesía vuelva a ser difícil, aunque hoy haya editoriales que se encarguen de recoger la hojarasca de tanta gente que escribe".

¡Bien! Mandrini es de los nuestros. Y cuando dice 'díficil' no quiere decir ni hermética ni abstrusa ni obligadamente oscura ni tampoco complicada al pedo. Quiere decir que la poesía no es una serie de versitos que riman diciendo las pavadas que flotan en la mente de cualquier espelunco o de, como bien dice, "gente que escribe", no poetas; quiere decir que lo primordial no es el facilismo ni el qué lindo, soy poeta porque rimé a con b ni mucho menos soy poeta por expulsar todo el cieno que hay en mi pobre alma y ya está, no hace falta más (en este desdén por la forma, por el cómo se dice lo que se dice se basa toda la patraña en que se sustentan y reproducen los poeñoños). Quiere decir que detrás de todo poema no sólo hay un arduo trabajo (casi se diría una lucha encarnizada con el lenguaje) sino también un pensamiento, una auténtica inquietud existencial que trasciende las fronteras de mi propia carnadura y puede hacerse carne en el otro. 
Y detrás de todo poema hay también algo que inevitablemente se escapa, que nunca se puede asir o alcanzar, que permanece inexpresado hasta el próximo intento, el próximo poema (la poesía misma, pues). Un poema límpido como el cristal no es un poema, es un informativo del estado del tiempo del alma de algún pobre diablo con ganas de ser "artista" pero no un poema, por más que esté en verso, rime y hasta esté centrado al medio. Un 'poema' límpido, explicativo, informativo, ordinario, bah, lo escribe cualquiera con más o menos pericia. Versificadores de versitos límpidos como el cristal hay a patadas. Gran parte de ellos son los que editan en editoriales piratas como Dunken et alia. Pero ¿eso es poesía, auténtica poesía lírica? ¡No!
Sigue Mandrini:

"Me inclino ante la vehemencia de la palabra de la poesía celebratoria, una poesía de carnadura lírica, poetas inmoderados. No hay poesía sin lirismo, sólo la urgencia dicta lo popular. Mis poetas necesarios son Jorge Bocannera, Jorge Aulicino y Leopoldo Castilla."

Poco más que decir. Aplausos. Vivas. Felicitaciones por el premio. Y a comprar su libro, que bien merecido lo tiene, cuando se edite.

22 de marzo de 2008

Las maquinitas en FIN

Estimados leyentes (¡si es que hay alguno por ahí!): las maquinitas han traspasado ya las fronteras de estos dos modestos blogs (viejo y nuevo rumiante) y han llegado al periódico virtual "Fin", emprendimiento de elaleph.com y el Taller de Corte y Corrección dirigido por Marcelo di Marco, al cual orgullosamente pertenezco desde diciembre del año pasado. Pasen y leánlo por allí y de paso lean el resto del periódico, of course.

AP

13 de marzo de 2008

Lo poéticamente incorrecto

¿Alguien recuerda lo que era tener una opinión? En los ríspidos y crispados tiempos que corren cualquiera que detente una opinión más o menos fundamentada y se atreva a expresarla por cualquier medio a su alcance, será tildado, de inmediato y cuando menos (y por las personas menos indicadas para), de "autoritario" o directamente "fascista". Lo he visto en este mundo virtual en el que me alojo y rumio, pero también fuera de él (aunque a veces me pregunto si existe un 'afuera' de la red, si no es que todo -pero tooooodo- está metido allí dentro). Sin embargo, es mucho más patente en los foros, grupos y listas poéticas que frecuento, ya sin el entusiasmo que supe tener antaño (salvo por mi amado Zaguán).
Es que uno se cansa. Se cansa de ser poética y políticamente correcta. Se cansa de gastar pólvora en chimangos. La pólvora, como todo lo demás, está cada vez más cara y aunque hablar es gratis, hablar con algún fundamento requiere cierta preparación, cierto nivel, cierto impulso también y todo eso sí que cuesta. Y uno, una se cansa de avivar giles. Bah, ojalá se avivaran. Son tan giles que ni de eso se dan cuenta. Están convencidos de su idiocia y nada los moverá de allí. Son como el burgués: ¡que lo van a asustar con poesías! ¡Que los voy a asustar con pedigrí universitario! Su círculo de ignorancia es tan perfecto que nada puede atravesarlo: ni un tanque ni una bala, mucho menos un pensamiento bien construido. Un pensamiento pensado y en proceso de pensarse, valga la rebuznancia.
En los últimos días cada vez que he abierto mi bocota virtual en un foro que frecuento y que años ha supe moderar (ya saben cuál, "Azul y Palabras" -¡oh, Kari! si supieras que nada ha cambiado desde que renunciamos a excepción de los insoportables saluditos-) los ignaros han desplegado, con total desparpajo, su prejuicio contra cualquier cosa que parezca más o menos ilustrada o que tenga cualquier ligero tufillo a sabihondez universitaria. Igual que en aquel momento, bah, aunque fueran otros (sucede que se reproducen a muy alta velocidad, y es entendible: ser un buen lector de poesía o ser un poeta más o menos pasable lleva mucho esfuerzo, tiempo y dedicación). Felices de no saber hilar dos frases coherentes, amparándose en bobos tiros por elevación (si supieran qué significa realmente la "Defensa de la poesía" de P. B. Shelley en el contexto del romanticismo inglés no la andarían blandiendo tan alegres), todo lo que hacen es denostar (cuando no descalificar directamente) a quien no acuerda con su ñoña manera de pensar y de ver la poesía.
Cuando el cuco universitario aparece, esa especie de Godzilla que destruye todo lo que toca, que arruina las Sublimes Esencias de la Poesia, que se atreve a Iluminar lo que debe permanecer Oscuro, que hace lugar a otros saberes para Interpretar los Sacrosantos e Intocables Textos Poéticos, los filisteos fanáticos del espontaneísmo y otras paparruchas por el estilo, los que hablan de Experiencias Inefables, Inexplicables e Imperecederas, sacan a relucir su ñoñez y proclaman idioteces tales como "la poesía no es literatura", confundiendo a ojos vista el texto poético (y como tal, dentro de lo que se considera "literatura" y no rocket science) con la eventualidad de lo poético, fenómeno de la percepción que puede producirse tanto a partir de un poema como de cualquier otro evento no textual, en tanto es una cualidad, una sensación, un estado o como queramos definirlo y por lo tanto puede residir fuera de la textualidad pura (aunque también en ella y no necesariamente confinada en un verso: ¿acaso Rayuela no es un gran y enorme poema, entendiendo poema en sentido lato, claro?).
Pobre de mí que pretendo que los felices ñoños entiendan algo así. Pobre la universidad pública, gratuita y estatal que me dio armas y conocimientos para poder decir esto sin temor a equivocarme o a incurrir en un dislate fenomenal como la mayoría de las cosas que entran día a día en mi pobrecita inbox. Pero, más bien, pobres ellos que se arrogan el derecho de cerrar la puerta al debate y el disenso no sólo descalificando al adversario, recurriendo a lo más bajo de la polemología, sino adornándolo todo con frases vacuas, hueras, carentes de todo sustento, que obturan el paso de cualquier luz, por ínfima que sea.
Me dijo un poeta y fotográfo amigo hace poco: "usted quiere iluminar pero encandila". Puede ser. ¡Que se encandilen de una vez por todas! ¡Ya me hartaron con tanta estupidez! Francamente, como dijera ya Catulo, me importa un bledo. La poesía es una fuente universal e inagotable y el único crítico literario que dirimirá todas estas cuestiones es el Tiempo. A él encomiendo yo mis obras. Él dirá. No yo. Muchos menos ellos.
Resumiendo: si usted tiene una opinión fundamentada en argumentos bien elaborados (pasibles, desde luego, de ser discutidos como tales) y tiene ganas de expresarla, lo mejor que puede hacer es fundar un blog y mandar a la mierda y cagarse en todos los envidiosos pelotudos que enseguida levantarán su dedo virtual y le dirán: ¡Autoritario! ¿Cómo se te ocurre tener una opinión diferente a la mía? ¡Fascista! ¿Cómo vas a mezclar la pulcra poesía con esa sucia puta de la universidad! ¡Cuidado, es un terrorista y está a punto de lanzar una opinión! ¡Masácrenlo! ¡Nazi! ¿Cómo vas a decir que lo que estás diciendo ya lo dijo Williams? ¿No tenés pensamiento propio? (los que no lo tienen son ellos, pero jamás lo admitirán, rumiador leyente) ¡Loco, insano! ¡La espontaneidad ante todo! ¡El sentimiento y nada más! ¡Fuera técnica, fuera reglas! ¿La poesía un dispositivo textual? ¡Pobre de vos! ¡Se ve que nunca leíste nada! (esto se lo dicen a alguien que lee y traduce poesía en varios idiomas) ¡Cómo se ve que no sabés nada de poesía! (esto se lo dicen a alguien que escribe desde los 15 años y ya va a cumplir 34) ¡No tenés nada que decir y te escudás en esas palabras complicadas! (claro, como nunca estuvieron en contacto con la teoría literaria, todo les parece abstruso; lo bien que les vendría primero aprender a escribir con alguna corrección, luego con alguna felicidad y más luego cultivarse un poco, aunque más no fuera un poco) y así por el estilo.
Esto es lo poéticamente correcto según los eventos consuetudinarios de la web: escribir idioteces de prescolar, ignorar todo lo que provenga de una fuente más o menos ilustrada y ampararse en supuestras trascendentalidades que nadie trascienden. Pues en mi opinión: ¡viva lo poéticamente incorrecto!

AP