2 de marzo de 2008

Comando Tecné Poietiké al ataque

Un intercambio de mensajes que se produjo el día de hoy en una de las listas poéticas que frecuento (y que supe moderar años atrás) y sobre el que seguramente volveré, me lleva a publicar aqui un texto que escribí para "La Granda Milito", ese bella flecha quincenal que con tanto gusto edité y dirigí junto a dos caros amigos y que acaso vuelva al ciberespacio pronto (aún no sabemos, no se emocionen los militones asiduos!).
No hay mucho que decir acerca del texto en sí, que se explica y sostiene solito. Y que tiene un obvio trasfondo humorístico, ya que fue pensado para un boletín cuya premisa básica era esa. Pero si levanta polvareda, mejor, ése es uno de los objetivos no declarados pero absolutamente fundamentales de este blog.
Los dejo con él:

NO SIENTAN: LEAN

El internauta amante de la literatura debe asistir, cada vez que se conecta, al despliegue tentacular de una nueva raza de presuntos escritores: los "escritores del sentimiento". Hijos dilectos de la ralea new-age, infecta cruza de José Narosky y Julia Prilutzky Farny, copan las páginas literarias con una constancia digna de mejor causa; saturan las casillas de correo con musicales mensajes que sobrepasan la capacidad de cualquier servidor; son los primeros en reenviar sin miramientos "Instantes", "La marioneta" y cuanto texto apócrifo ande huérfano y suelto; y son también los primeros en saltar heridos por el rayo cuando alguien hace notar la falsa autoría de esos mamotretos, amparándose en la "belleza" y en el "mensaje sanador" que emanan, sin que les importe algo tan nimio como su verdadera autoría.
Los paladines del corazón se autodenominan "escritores aficionados", suponiendo entonces que existe un clan rival de "escritores profesionales", alejados del verdadero sentimiento e inmersos en aburridas digresiones intelectuales; esperan así hacernos tragar su olla podrida sin que podamos quejarnos de su acre sabor o de su ríspida textura, ya que ellos son "escritores aficionados": todo, aun los mayores dislates ortográficos, técnicos y sintácticos debe serles perdonado; luego, lloran y patalean en cuanto alguien les hace notar el escaso mérito de sus obras y llegan al paroxismo del horror cuando algún otro señala la urgente necesidad de ponerse a estudiar, y, sobre todo, a leer seriamente, no sólo sus propios bodrios sino, primero, a los clásicos y a los contemporáneos; trascartón, se les ponen los pelos de punta ante algunas palabras, que repiten, azorados, con la boca llena de hiel: ¿técnica? ¿estructura? ¿normas? ¿reglas?; los ojos se les inyectan en sangre y se les desorbitan cuando sus esperpentos, con perdón de Valle-Inclán, pasan inadvertidos o son rápidamente rotulados como tales; braman entonces como bestias enfurecidas contra cualquier voz ciertamente más experimentada, y sacan a relucir su petulante bisoñería con el arma más manida, gastada y refundida de todas: la sacrosanta e indiscutible "libertad del creador".
Esta chusma de escribidores se reproduce con alarmante rapidez en todas las latitudes y sorprendente es observar que en todas las ocasiones reaccionan igual: confunden alegremente crear con poner por escrito, verso con frase seccionada más o menos donde me parece, estrofa con párrafo y viceversa; confunden más alegremente aún comentar, sugerir y criticar con censurar y, por si fuera poco, desconocen con total tranquilidad las bondades de la corrección y de la labor limae.
La caterva virtual tiene también otros comportamientos que la identifican sin duda: riman, invariablemente, 'sentimiento' con 'pensamiento'; preñan sus escritos con signos de admiración, asteriscos y puntos suspensivos a mansalva, en busca del énfasis perdido; para colmo, plagan sus escritos con todas las palabras, giros y expresiones más sobados de su ya exiguo lenguaje, al que adornan con todos los términos que ostentan supuesto prestigio poético, sin discriminar y sin preocuparse jamás por ampliar su léxico, no mayor que el de un niño de corta edad; se inventan categorías textuales a su gusto, como el "texto libre", ensalada rusa que pretende atentar contra las "reglas" de los "géneros literarios", y que termina siendo una parrafada indigesta para cualquiera.
Por otra parte, los "escritores de lo bueno y lo bello de la vida" están emperrados en decir lo que ya dijo el Romanticismo (la gran Bécquer) y el Modernismo (la gran Darío), como si ellos acabaran de descubrirlo y todos nosotros permaneciéramos en la más oscura de las inopias emocionales y literarias; suponen, asimismo, que quienes se aventuran a leerlos no tienen derecho a una expresión cuidada y certera, a una ortografía decente, a un mínimo de frases hiladas con alguna coherencia; y suponen también que la poesía es -ante todo- "puro sentimiento", y que basta tronchar el chorro de sus sensiblerías sin el menor sentido del ritmo o la cadencia... total, ¡es poesía! ¡Y la poesía es libre! gritan a voz en cuello, y guay entonces de aquel desalmado que ose indicar la necesidad de evitar las rimas desmedidas, las anáforas anafóricas y el más mínimo decoro en la utilización de los adjetivos; guay de aquel malnacido que intente demostrar cómo ese cuco odioso y horrípilo de "la técnica" puede ayudar a componer un poema con algún vuelo lírico. ¿Cómo se atreve a importunar a los esforzados escritores del sentimiento con esas intrincadas sofisterías para eruditos? ¿Cómo se atreve a denunciar la trivialidad y la inmadurez reinante entre los conjurados del amor, entre los que no necesitan jueces que validen su arte libre de reglas, su clamoroso "grito libre de libertad"*?
Los plumetastros del reino virtual se aplauden entre ellos, retroalimentando su populosa progenie; se palmotean las espaldas con sus cartapacios y se leen unos a otros sus interminables folios, porque aún no se enteraron de la llamada "economía de recursos" y menos aún de la imponderable efectividad del silencio. Luego, apagan la PC sintiéndose muy ufanos, ya que ellos escriben lo que les sale directamente del corazón y eso, que el Parnaso los perdone, es suficiente. Si alguien todavía tiene el tupé de hacerles reparar en la conveniencia de devolver rápidamente todo ese palabrerío al corazón de donde provino, se amparan en argumentos tan endebles como los que hemos visto y se obstinan en ignorar la palabra fundacional que hace a toda verdadera escritura: el oficio. He ahí la palabra que los saca de quicio, porque los enfrenta, sin medias tintas, con aquello de lo que carecen y que, por este triste camino, nunca llegarán a alcanzar.

* Expresión original del vate argentino G. V.

COMANDO TEKNÉ POIETIKÉ

Adhieren:

ASOCIACIÓN "SI COMO EL GRIEGO AFIRMA EN EL CRATILO"
BRIGADA DE PROFILAXIS "CASTREMOS A AMADO NERVO"
GRUPO "RUBÉN DARÍO HUBO UNO SOLO (GRACIAS A DIOS)"
PIQUETE "NERUDA Y BENEDETTI NO SON LOS ÚNICOS POETAS"

1 comentario:

franco de los santos dijo...

Qué loco. Mi blog se llama El Rumiante. Saludos.