13 de marzo de 2008

Lo poéticamente incorrecto

¿Alguien recuerda lo que era tener una opinión? En los ríspidos y crispados tiempos que corren cualquiera que detente una opinión más o menos fundamentada y se atreva a expresarla por cualquier medio a su alcance, será tildado, de inmediato y cuando menos (y por las personas menos indicadas para), de "autoritario" o directamente "fascista". Lo he visto en este mundo virtual en el que me alojo y rumio, pero también fuera de él (aunque a veces me pregunto si existe un 'afuera' de la red, si no es que todo -pero tooooodo- está metido allí dentro). Sin embargo, es mucho más patente en los foros, grupos y listas poéticas que frecuento, ya sin el entusiasmo que supe tener antaño (salvo por mi amado Zaguán).
Es que uno se cansa. Se cansa de ser poética y políticamente correcta. Se cansa de gastar pólvora en chimangos. La pólvora, como todo lo demás, está cada vez más cara y aunque hablar es gratis, hablar con algún fundamento requiere cierta preparación, cierto nivel, cierto impulso también y todo eso sí que cuesta. Y uno, una se cansa de avivar giles. Bah, ojalá se avivaran. Son tan giles que ni de eso se dan cuenta. Están convencidos de su idiocia y nada los moverá de allí. Son como el burgués: ¡que lo van a asustar con poesías! ¡Que los voy a asustar con pedigrí universitario! Su círculo de ignorancia es tan perfecto que nada puede atravesarlo: ni un tanque ni una bala, mucho menos un pensamiento bien construido. Un pensamiento pensado y en proceso de pensarse, valga la rebuznancia.
En los últimos días cada vez que he abierto mi bocota virtual en un foro que frecuento y que años ha supe moderar (ya saben cuál, "Azul y Palabras" -¡oh, Kari! si supieras que nada ha cambiado desde que renunciamos a excepción de los insoportables saluditos-) los ignaros han desplegado, con total desparpajo, su prejuicio contra cualquier cosa que parezca más o menos ilustrada o que tenga cualquier ligero tufillo a sabihondez universitaria. Igual que en aquel momento, bah, aunque fueran otros (sucede que se reproducen a muy alta velocidad, y es entendible: ser un buen lector de poesía o ser un poeta más o menos pasable lleva mucho esfuerzo, tiempo y dedicación). Felices de no saber hilar dos frases coherentes, amparándose en bobos tiros por elevación (si supieran qué significa realmente la "Defensa de la poesía" de P. B. Shelley en el contexto del romanticismo inglés no la andarían blandiendo tan alegres), todo lo que hacen es denostar (cuando no descalificar directamente) a quien no acuerda con su ñoña manera de pensar y de ver la poesía.
Cuando el cuco universitario aparece, esa especie de Godzilla que destruye todo lo que toca, que arruina las Sublimes Esencias de la Poesia, que se atreve a Iluminar lo que debe permanecer Oscuro, que hace lugar a otros saberes para Interpretar los Sacrosantos e Intocables Textos Poéticos, los filisteos fanáticos del espontaneísmo y otras paparruchas por el estilo, los que hablan de Experiencias Inefables, Inexplicables e Imperecederas, sacan a relucir su ñoñez y proclaman idioteces tales como "la poesía no es literatura", confundiendo a ojos vista el texto poético (y como tal, dentro de lo que se considera "literatura" y no rocket science) con la eventualidad de lo poético, fenómeno de la percepción que puede producirse tanto a partir de un poema como de cualquier otro evento no textual, en tanto es una cualidad, una sensación, un estado o como queramos definirlo y por lo tanto puede residir fuera de la textualidad pura (aunque también en ella y no necesariamente confinada en un verso: ¿acaso Rayuela no es un gran y enorme poema, entendiendo poema en sentido lato, claro?).
Pobre de mí que pretendo que los felices ñoños entiendan algo así. Pobre la universidad pública, gratuita y estatal que me dio armas y conocimientos para poder decir esto sin temor a equivocarme o a incurrir en un dislate fenomenal como la mayoría de las cosas que entran día a día en mi pobrecita inbox. Pero, más bien, pobres ellos que se arrogan el derecho de cerrar la puerta al debate y el disenso no sólo descalificando al adversario, recurriendo a lo más bajo de la polemología, sino adornándolo todo con frases vacuas, hueras, carentes de todo sustento, que obturan el paso de cualquier luz, por ínfima que sea.
Me dijo un poeta y fotográfo amigo hace poco: "usted quiere iluminar pero encandila". Puede ser. ¡Que se encandilen de una vez por todas! ¡Ya me hartaron con tanta estupidez! Francamente, como dijera ya Catulo, me importa un bledo. La poesía es una fuente universal e inagotable y el único crítico literario que dirimirá todas estas cuestiones es el Tiempo. A él encomiendo yo mis obras. Él dirá. No yo. Muchos menos ellos.
Resumiendo: si usted tiene una opinión fundamentada en argumentos bien elaborados (pasibles, desde luego, de ser discutidos como tales) y tiene ganas de expresarla, lo mejor que puede hacer es fundar un blog y mandar a la mierda y cagarse en todos los envidiosos pelotudos que enseguida levantarán su dedo virtual y le dirán: ¡Autoritario! ¿Cómo se te ocurre tener una opinión diferente a la mía? ¡Fascista! ¿Cómo vas a mezclar la pulcra poesía con esa sucia puta de la universidad! ¡Cuidado, es un terrorista y está a punto de lanzar una opinión! ¡Masácrenlo! ¡Nazi! ¿Cómo vas a decir que lo que estás diciendo ya lo dijo Williams? ¿No tenés pensamiento propio? (los que no lo tienen son ellos, pero jamás lo admitirán, rumiador leyente) ¡Loco, insano! ¡La espontaneidad ante todo! ¡El sentimiento y nada más! ¡Fuera técnica, fuera reglas! ¿La poesía un dispositivo textual? ¡Pobre de vos! ¡Se ve que nunca leíste nada! (esto se lo dicen a alguien que lee y traduce poesía en varios idiomas) ¡Cómo se ve que no sabés nada de poesía! (esto se lo dicen a alguien que escribe desde los 15 años y ya va a cumplir 34) ¡No tenés nada que decir y te escudás en esas palabras complicadas! (claro, como nunca estuvieron en contacto con la teoría literaria, todo les parece abstruso; lo bien que les vendría primero aprender a escribir con alguna corrección, luego con alguna felicidad y más luego cultivarse un poco, aunque más no fuera un poco) y así por el estilo.
Esto es lo poéticamente correcto según los eventos consuetudinarios de la web: escribir idioteces de prescolar, ignorar todo lo que provenga de una fuente más o menos ilustrada y ampararse en supuestras trascendentalidades que nadie trascienden. Pues en mi opinión: ¡viva lo poéticamente incorrecto!

AP